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domingo, 23 de octubre de 2016

Mi alma destruida en la métrica de tu ser

Foto: Fragile-Eyes-Fiction (Deviantart)

La catarsis del amor es como es, si no das con la estrofa correcta es más dramático que purificador. ¿Dónde se encierra ese compás de sentimientos compartidos que todos afirman rimar? Apareciste en mi vida como un trovador que busca su musa y me conquistaste con los versos alejandrinos que tan bien recitabas. Entonces, soñadora y confiada de ser la elegida, acepté el reto sin ninguna garantía de poder ganarlo. Sin embargo, surgió ella, una nueva forma de pseudopoesía que te cautivó por la claridad de sus palabras. Y yo, aquí me quedé, convertida en la creación de un autor que acabó por no ponerme nombre.
Ahora ya han pasado unos cuantos años y aquí estás otra vez. Ahora tus intenciones son sinceras. Ahora quieres escribir literatura en mi cuerpo. Ahora sabes ver más allá del océano de marea verde de mis ojos. Pero hora ya es tarde, porque mi alma está destruida en la métrica de tu ser.
Y aún me estoy recomponiendo de ello.

Hola, hace mucho tiempo que no escribo aquí y sinceramente lo echaba de menos. No obstante, el descanso me vino bien y me alegra poder compartir con vosotros mis nuevos relatos. ¡Gracias!

domingo, 3 de agosto de 2014

El laberinto sin salida




Sera tenía quince años cuando entró en el laberinto. Había visto multitudes de veces cómo la gente entraba en ellos y se sumía en todas sus ramificaciones. En ocasiones, la monotonía de la vida era demasiado aburrida y ésta te pedía a gritos los altibajos de las preocupaciones. Por eso, entró en el laberinto.
Su único acompañamiento era una mochila, en la que llevaba varios entretenimientos por si se cansaba en el camino a la perdición. Pero Sera aún veía la luz de la salida del laberinto y ella quería adentrarse aún más en él, hasta que sólo la sumiera la oscuridad.
No obstante, hubo un momento en el que la oscuridad era bastante agobiante y ella, abrumada por esos altibajos que antes ansiaba sentir, decidió que era momento de salir de él y recuperar la monotonía de la alegría. En su mochila encontró un mapa con las bifurcaciones del laberinto; le costó un poco ubicar dónde se encontraba, pero finalmente pudo guiarse.
Un día, encontró a una chica de más o menos su edad –ahora dieciséis–. Ésta sujetaba una lámina de cristal. Mientras caminaban, ella le contaba que dependiendo de cómo le diera la luz al cristal, un lado se vería como si fuese un espejo o no. Entonces, la joven desconocida torció por la derecha, cuando el mapa decía que tenía que ir por la izquierda para salir del laberinto.

—Perdona —comentó Sera—, pero según el mapa para llegar a la salida tenemos que ir por la izquierda.
—¿En serio le vas a hacer caso a un puto mapa? —le recriminó la otra.

Sera se sintió estúpida, pues era verdad que un trozo de papel no iba a saber más que una persona.
La joven desconocida, cuyo nombre era Bebida, la llevó a una zona donde había más gente como ella. Todos llevaban utensilios varios: una pistola de silicona, cintas adhesivas y otras herramientas cuyos nombres desconocía. Se sentía mal porque era la única que no llevaba nada útil, sólo un estúpido mapa que nunca la llevaría a la salida. 
Durante unas pocas semanas, estuvo al lado de Tabaco, Cocaína (Coca para los amigos), Éxtasis y otros cuyos nombres no recordaba. Sin embargo, su relación con Tabaco era algo especial, se contaban todo y ella confió en él tanto como ella creía que él lo hacía. Por eso, cuando le pidió que quemara ese dichoso mapa, no dudó en hacerle caso.
A la mañana siguiente de hacer eso, se despertó sola. Sus hasta entonces amigos se habían marchado, tal vez volverían más tarde. Pero no lo hicieron. Pasaron lo que ella recordaba que eran días y días y seguía sola. Se dio por vencida, la habían abandonado y ahora tendría que continuar el viaje sin ellos y sin el mapa.
Tardó semanas en encontrar el camino sola. Le daba la sensación de que se adentraba más en él pero un día lo vio: esa luz que la acariciaba a ella y a todo el paisaje que veía antes sus ojos. Sólo le quedaba por cruzar ese rectángulo con complejo de marco de puerta sin puerta y sería libre.
Entonces, se chocó con algo. Una lámina de cristal la separaba del exterior. Sera no lo quería creer pero apostaba que era la misma que Bebida llevaba siempre consigo. En ese momento, todos esos utensilios que llevaban encima sus demás amigos comenzaban a formar parte de un maquiavélico plan para sellar el cristal y quitarle todas las oportunidades de ser la chica que era antes.
Golpeó el cristal con todas sus fuerzas, pero este no se rompía. Gritó, pero ninguno de los que pasaban la oían o siquiera la veían dado que estos, al pasar, sólo observaban sus reflejos. 
Los ojos se le llenaron de lágrimas, había confiado en quien no debía. Había rechazado la ayuda de aquellos que querían sacarla de esa pesadilla de laberinto, pero ella había preferido acercarse a los que sólo querían destruirla. Y ahora pagaba las consecuencias. 
Desesperanzada, se giró y se adentró en la oscuridad de la había salido. Todo laberinto tenía dos salidas y éste no sería una excepción, ¿verdad? ¿VERDAD?

He estado unos meses desaparecida y lo lamento mucho, pero este año cursaba segundo de bachiller y he tenido que poner todo mi empeño para sacar el curso con buenas notas (al igual que la Selectividad). Hace nada retomé mi otro blog y éste no iba a ser menos. También quería deciros que hace casi un mes hice tres años con este blog y no sabéis lo contenta que estoy ¡gracias a todos y espero que os haya gustado la entrada de hoy!

domingo, 9 de febrero de 2014

Al ritmo de las palabras



-¿Qué te pasa?

-Estoy deprimido. 

-¿Y eso?

-Nada, tonterías. 

-¿Es acaso la hipocresía de la gente lo que te deprime? ¿El tener que encajar en una sociedad a la que no perteneces? ¿Que tengas que fingir una sonrisa delante de todos cuando es mentira? 

-¿Qué dices? Soy feliz. Vale, sí, puede que mi vida no sea perfecta, pero estoy bien con mis amigos, con mi familia y con mi pareja. Es la música lo que me deprime. 

-¿Hablas en serio? Pero si la música es una de las mayores fuentes de inspiración que hay en todo el mundo. Te transporta a otros lugares, te hace llorar, reír... ¿Qué tiene de malo?

-Es una música estancada, bastante morbosa. No sabe tratar de otra cosa que no sea o sexo o la muerte. Me parece muy bien que los cantantes estén cachondos y necesiten tirarse al primero que ven en una discoteca, pero ¿no piensan que, al final, resulta un poco cansino? En cuanto a lo de la muerte no hace decir por qué deprime. ¿Qué ha pasado con la otra música, la música que enseñaba unos valores? La música antes era de otra manera, y lo más deprimente que podías oír era una canción sobre el desamor. No quiero decir que ahora no hayan canciones que hablen de otras cosas, pero no es lo que más se oye en la radio, ¿o me equivoco?

-Podrá resultar todo lo cansino que quieras, pero la música más comercial suele hablar siempre de sexo, o al menos lo insinúa. Y la música sobre la muerte, no habla realmente sobre ella, sino sobre los sentimientos del cantante que los plasma de esa forma. ¡Ah, y te olvidas de las canciones que hablan de las fiestas o de las drogas!

-No me he olvidado. Tarde o temprano, acaban hablando de sexo. No falla nunca -saca su MP3 del bolsillo-. Y como, por desgracia amigo, mis quejas no van a cambiar nada, voy a escuchar música para deprimirme un poco más.