Seguidores

sábado, 4 de enero de 2014

Lo que la apariencia esconde




Albi no es feliz.

Alexandra Albertson tiene dieciséis años y no es feliz. No es que lo sea realmente, pero le falta todo aquello que podría hacerla feliz de verdad. Desde que era pequeña, había sido rechazada socialmente por la mayoría de sus compañeros sin razón alguna y sus amigos se resumían a los tres o cuatro inadaptados que no encontraban a gente con quien estar, como ella.
Cuando pasó al instituto, sin embargo, Cynthia era la única amiga de ese grupo marginado que la acompañaría. Albi tomó el nuevo comienzo como una oportunidad para extender sus alas, para volar y salir del nido. Pero su suerte no fue así. Mientras que Cynthia encontró nuevos amigos que la aceptaron de buena gana, Albi se quedó arrinconada en un lugar oscuro del que no pudo escapar.
Albi estaba en los recreos sola. Comía en los lavabos para que la gente no se percatase de que era lo suficientemente inadaptada como para no integrarse entre el gentío de adolescentes que fluían en los pasillos como las acuarelas en los lienzos.
Un día, al salir del lavabo, se encontró con K-O. Es tan popular, tan guapa, tan afortunada. Todas las chicas con dos dedos de frente desean ser ella, llevar a los chicos detrás como si fueran perros falderos y sobre todo, tener amigos, montones de ellos. Albi está segura de que K-O era la perfección. Daría todo lo que fuera por ser ella. Albi quiere ser K-O.

K-O no es feliz.

Katherine Osborne tiene dieciséis años y no es feliz. La gente la llama K-O para hacer un juego de palabras con sus dos iniciales y a la vez para bromear con el hecho de que los chicos se derriten por sus huesos cada vez que la ven pasar con su minifalda de cuadros.
A primera vista, K-O tiene todo lo que podría desear cualquier adolescente de su edad: chicos, un buen status social en el instituto, amigas, ser la capitana de las animadoras... Pero todo ello se acaba una vez cruza el umbral de su destartalada casa. Y es que su vida familiar se resume en la soledad perpetua porque su padre es ludópata, su madre, alcohólica y su hermana mayor se pasa la mayor parte de las horas trabajando. Para que ésta pueda ir a estudiar, suele decir constantemente. Llora casi todas las noches por tener una familia feliz, incluso aunque tuviera que renunciar a todo aquello que había conseguido. Porque después de todo, dentro de dos años todo se acabaría y la gente se olvidaría de ella. Lo único que quedaría en su vida serían los resquicios de una familia rota.
Un día se encontraba esperando en la entrada del instituto a que el chico que la acompañaba en ese momento a todas partes (novio se hacía llamar) la recogiese. Odiaba que la hicieran esperar, y tal vez eso fuera una excusa para deshacerse de él. Sin embargo, no sabía que esa espera le cambiaría la vida.
     Hola escuchó a sus espaldas.
Cuando se giró, observó a una chica menuda que le tendía un pintalabios. La había visto varias veces en el instituto, pero no podría recordar dónde ni cuándo.
     –Se te ha caído el pintalabios del bolso.
K-O lo metió en el bolso. Le agradeció que lo hubiera encontrado con palabras exigentes, que le pedían que le dijera cómo se llamaba.
     –Soy Alexandra Albertson, pero todo el mundo me llama Albi porque...
   –Vale –respondió cortante, dado que no le interesaba el origen del apodo de una chica con la que seguramente no volvería a hablar.
Permanecieron en silencio durante varios minutos. La presencia de Albi la agobiaba, no dejaba de sentir cómo sus ojos la escrutaban sin descanso. Pero, a los pocos minutos, una mujer de mediana edad apareció y se acercó de forma bastante decidida a Albi.
     –Ya estoy aquí –comentó de forma vehemente. Comenzó a hablarle a Albi como si K no estuviera presente–. Estaba pensando que primero podríamos ir a comprar los regalos de Navidad y después podríamos hacer los muñecos de jengibre que tanto os gustan a Nick y a ti.
     –Mamá... me estás aborchonando –dijo Albi por lo bajo para que sólo la escuchase su madre e hizo un ademán con la cabeza para que observase que no estaban solas.
     –Ah, hola –exclamó eufórica cuando vio a Katherine–. Es la primera vez que te veo, ¿eres amiga de Albi?
Ninguna de las dos jóvenes respondieron. La madre tomó el silencio como un no, además de que sabía la situación social de su hija. Lo había hecho todo porque tuviera amigas. Todo.
     –Da igual –continuó–. ¿Te apetece venir con nosotras y nos ayudas con los muñecos de jengibre?
     –¡Mamá!...
     –Me encantaría, pero ya he quedado –fue lo único que contestó K-O.
Albi se fue indignada esa tarde con su madre por haber siquiera haberle propuesto a la mismísima Katherine Osborne el pasar la tarde con toda su familia cuando ella seguro que estaba demasiado ocupada como para aceptar la invitación de una desconocida.
K-O se quedó estupefacta toda la tarde e incluso no fue capaz de hablar delante de Robert... Roger... o lo que fuera. Dudaba si las Navidades con su familia serían acaso el intento de las Navidades fallidas. Desde ese día, cada vez que ve a Albi, a su madre o alguien que parezca pertenecer a su familia siente una punzada de odio y envidia. Ella siempre ha querido tener una familia así, que la mimara y la quisiera de verdad. Daría todo lo que fuera por ser ella. Desde entonces, K-O quiso ser Albi.
 
No hay que fijarse sólo en las apariencias, porque a veces éstas
 pueden ser un disfraz para ocultar una horrible realidad.

12 comentarios:

  1. ¿Por dónde empiezo? La historia de Albi es verdaderamente dura, y una parte la he vivido, como todas esas personas te abandonan por otro es muy jodido.
    Y lo de K-O me parece una genialidad. Ojalá todas las personas que son como ella ocultaran esa otra cara que puede ser amable pero, por desgracia creo que ya esa gente no queda.

    Excelente texto, como siempre ♥

    ResponderEliminar
  2. Me ha encantado, y de alguna forma es como que me siento identificada, porque cuando alguien nos deja o mejor dicho nos cambia a todos les pasa lo mismo, o sea que lo viven de la misma forma...
    Me quedo por aquí con tus maravillosos relatos.
    Besos.

    ResponderEliminar
  3. Me ha gustado mucho, el inicio fue bastante bonito. Siento que eso me ha pasado, muy lindo tu relato.
    Saludos Infinitos.

    ResponderEliminar
  4. Bueno, suena mal pero cada uno tiene su infierno personal y nadie está feliz nunca con lo que tiene. Lo que hay que hacer es aprender a estar conforme con lo que te da la vida, eso es felicidad. Besos y gracias por pasarte por mi blog, te sigo.

    ResponderEliminar
  5. Oye, oye, oye.
    Escribes muy bien, te felicito.
    También te felicito el Año Nuevo y espero que los Reyes Magos hayan sido buenos contigo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Un texto genial, fantástico de verdad. Además da que pensar
    Besos

    ResponderEliminar
  7. Ooof fastástico y aún así me quedo corta!
    Un beso!

    ResponderEliminar
  8. Hola guapa!!
    Muy bueno, me ha sorprendido. Besotes ;)

    ResponderEliminar
  9. Me encanta tú blog, ay, ¿te importaría pasarte? Sé que tendrás más gente que te diga esto pero, es importante para mí, me lo acabo de hacer :) http://desastreconpiernas.blogspot.com.es/

    ResponderEliminar
  10. Muy bueno, sigue escribiendo así!:)
    Un besoo

    ResponderEliminar
  11. Me encanta. Eso es muy cierto.
    Sólo puedo decirte que me encanta. Me gusta que cambies de punto de vista, lo que nos permite observar con más detenimiento el tema.

    ResponderEliminar